¿Tienes colgada una pinza antipolillas en el armario?

O quizás guardes las ropa de verano en cajas con antipolillas. Por suerte ya no tienen ese olor tan desagradable de naftalina que no había otra forma de quitarlo. Ahora huelen a lavanda, rosas, incluso a vainilla. Detrás de esos olores tan agradables se esconden sustancias químicas como la empentrina o empentrhin. Una sustancia muy tóxica que se va evaporando manteniendo las polillas y demás bichitos a ralla. Es muy tóxico para elementos acuáticos con efectos nocivos duraderos, según rezan las etiquetas de estos productos, además puede provocar reacciones alérgicas.

¿Recuerdas esos saquitos de lavanda en los cajones de tu abuela?

Pues eso es lo que te traigo hoy. Dentro de poco desempolvaremos las ropa más ligera y guardaremos los jerséis, chaquetas, pantalones de pana y demás vestimenta para el frío. Cuando la volvamos a sacar la temporada que viene olerá a lavanda, tomillo y laurel.

Solo necesitas lavanda y tomillo a partes iguales y una hoja de laurel por cada saco que hagas. También puedes añadir unos clavos de olor. A mi me gusta añadir dos gotas de aceite esencial de lavanda en cada uno.

Para montarlos puedes utilizar una camiseta vieja cortada a cuadrados:

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Los trapos limpios con los que quitas el polvo, incluso los filtros de cafetera que no utilizas:

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También las bolsas de tela de los pendientes o pulseras:

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Puedes compartir con tus hijos o amigas una tarde de manualidades haciéndolos. Pero si no te apetece también puedes comprar palitos de madera de cedro.

Nuestras elecciones como consumidores cambian el mundo.

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